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Imagina un cielo azul, claro, despejado, amplio y tranquilo, esa es nuestra mente, tenemos momentos de claridad y calma, donde se pueden asomar experiencias, pensamientos y emociones, sin embargo, también pueden asomarse nuestras preocupaciones, miedos y temores, ellos hacen presencia en forma de pequeñas nubes grises, y así se deben quedar, nuestra mente las debe identificar, abrazar, y luego dejar pasar, porque si nos quedamos en ellas, pueden desatar una fuerte lluvia, que en ocasiones se puede convertir en una fuerte tormenta, en este punto ya es difícil volver a la calma, olvidándonos completamente del cielo azul, limpio y claro. Sin embargo, tenemos que recordar que el cielo azul siempre esta ahí, en nosotros, y no permitir que nuestras nubes negras se tomen el cielo en su totalidad, que en ocasiones aparezcan, está bien, pero que, así como llegan, también se deben partir.

Esta es una analogía muy linda de nuestra mente, muy distinta a la mente de nuestras mascotas, que son un ejemplo muy claro de aprender a vivir el aquí y el ahora, sin preocuparnos por el pasado ni por lo que vaya a suceder en el futuro, si ellos juegan disfrutan su momento de diversión, si están durmiendo disfrutan su espacio de descanso, si comen disfrutan cada masticada, y este es un sabio modelo de seguir, pues la atención plena o el mindfulness es una práctica milenaria que te permite ser consciente del presente, de las emociones y de los pensamientos que los invaden nuestra mente, lo cual permite que generemos una conexión mayor con nuestro yo interior, desarrollando un auto conocimiento profundo de nuestras emociones y pensamiento lo cual es valioso al momento de gestionarlos adecuadamente para manifestar de manera positiva y eficaz nuestras reacciones ante situaciones y eventualidades de nuestro día a día. Disminuyen nuestra ansiedad y estrés, ayudan a mejorar nuestro insomnio, la capacidad de concentración y memoria, así como nuestras relaciones interpersonales, desarrolla nuestra inteligencia emocional como se menciona anteriormente, y desarrolla la creatividad, entre muchos de sus beneficios.

Esta práctica se fundamenta en la meditación consciente y en la respiración, dos de sus pilares fundamentales. Nuestras mascotas pueden hacer parte de esta práctica, incluso nos ayudarán demasiado si nunca lo hemos practicado y queremos dar nuestro primer paso. Es importante que siempre cuentes con la aprobación de tu peludo para hacer tus ejercicios de mindfulness en su compañía. Recuerda que no siempre están dispuestos a hacerlo, escoge aquellos momentos en que estén recostados y se muestren relajados y tranquilos.

Te compartimos las siguientes formas de practicar la atención plena a través de los sentidos:

  1. A través de la vista:

Observa a tu mascota con curiosidad, como si fuese la primera vez que lo ves, mira sus ojos, observa los detalles de su carita, sus bigotes, la línea de contorno de sus ojitos, de sus labios, observa sus pestañas, sus orejas, y todas las características que lo hacen único no solo en su forma sino también en su color. 

2. A través del tacto:

Acaricia a tu perro o gato suavemente, concentrándote plenamente en tu peludo, toca con las yemas de tus dedos su pelaje, aprecia su calor corporal, los movimientos de su pancita cuando respira e intenta sentir los latidos de su corazón.

3. A través del oído:

Cuando realizas lo acaricias puede que tu mascota emita sonidos, o ronroneos en el caso de los gatitos. Escucha muy bien como se manifiesta tu peludo al sentir el placer de que lo consientas y lo mimes.

4. A través del olfato:

Si te lo permite tu peludo, acércate y huélelo, trata de oler su pelaje e identificar que tipo de olor expela, si de jabón, si huele a tierra, o simplemente si no tiene olor alguno (aunque todos lo tienen).

Intenta realizar este ejercicio con los ojos cerrados para mayor concentración e intenta conectar con tu interior y con tu mascota, enviándole mensajes de tranquilidad y de amor hacia tu peludo, incluso de agradecimiento para generar mayor conexión entre los dos y fortalecer su lazo a través de la conciencia plena del momento. Si llega a ti algún pensamiento que interrumpa esa conexión, no lo evites, simplemente observa el pensamiento y toma consciencia de él, obsérvalo, suéltalo y redirige amablemente tu atención al ejercicio con tu peludo. Es normal que te pase varias veces.

Al final del ejercicio es importante que evalúes con qué emociones empezaste la actividad y con qué emociones lo finalizaste, ¿mejoró? ¿Observaste algún cambio? Recuerda que la práctica hace al maestro, si lo integras dentro de tu vida diaria, verás excelentes resultados.